ACCIDENTE FERROVIARIO
Funeral en Cáceres por las víctimas del accidente ferroviario de Urda: Llamada a la solidaridad
El obispo Jesús Pulido preside una misa en la Concatedral de Santa María con presencia de autoridades civiles, judiciales, militares y representantes de la sociedad cacereña
Diócesis de Coria-Cáceres Funeral en Cáceres por las víctimas del accidente ferroviario de Urda: Llamada a la solidaridad
La Concatedral de Santa María de Cáceres acogió este miércoles, 4 de noviembre, una misa funeral por las víctimas del accidente ferroviario ocurrido en Urda (Toledo), presidida por el obispo de Coria-Cáceres, Jesús Pulido. La celebración reunió a autoridades civiles, judiciales y militares, representantes eclesiásticos y fieles, unidos en la oración por el eterno descanso de los fallecidos y el consuelo de sus familiares, así como por la recuperación de los heridos.
Entre las autoridades asistentes se encontraban la presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola; la presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura (TSJEx), María Félix Tena; el fiscal superior de Extremadura, Francisco Javier Montero; el subdelegado del Gobierno en Cáceres, José Antonio García, y representantes de la Diputación Provincial de Cáceres y del Ayuntamiento de la ciudad, encabezados por su primer teniente de alcalde, Emilio José Borrega Romero.
También participaron representantes de la Audiencia Provincial, de la Fiscalía, de las Fuerzas Armadas, de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, junto a miembros del Cabildo Catedral, sacerdotes, diáconos, seminaristas y fieles diocesanos.
Durante su homilía, el obispo expresó el dolor compartido ante una tragedia que todos sintieron como propia. "Todos lo sentimos como algo propio, como si fueran familiares nuestros, porque podrían haberlo sido, porque podríamos haber sido nosotros mismos los que estuviéramos en su lugar", afirmó.
Monseñor Pulido recordó que, tras el desconcierto, la rabia y la impotencia iniciales, llega el momento de afrontar la pérdida, reconstruir la vida e intentar evitar que tragedias similares vuelvan a suceder. En este camino, señaló, "la celebración eucarística permite alzar la mirada a Dios, con la confianza de que él no nos abandona nunca y que solo él tiene poder para sacar bienes de males y vida de la muerte".
A partir de la figura bíblica de Job, que experimentó cómo la desgracia puede irrumpir de manera inesperada y arrebatar la estabilidad y la alegría, el obispo reflexionó sobre las preguntas que surgen ante la pérdida de los seres queridos: "¿Por qué a mí, por qué a nosotros, por qué mi madre, mi padre, mi hermano, mi amigo?".
El valor de la vida ante la tragedia
El prelado subrayó que el dolor no elimina el valor de lo vivido ni el amor compartido. En este sentido, destacó que la muerte hace tomar conciencia tanto de la fragilidad como del valor de la vida. "El ser humano no vence la muerte prolongando indefinidamente sus días, sino dando contenido al tiempo que le ha sido concedido", señaló. Por eso, añadió, "a pesar de todo, vale la pena levantarse cada día y seguir apostando por la vida".
En su reflexión sobre el Evangelio, el obispo vinculó las desgracias con una llamada a la conversión, tomando como referencia la parábola del buen samaritano. Frente a quienes pasan de largo ante el sufrimiento ajeno, destacó la actitud de quien se detiene, se hace cargo de la persona herida y actúa para ayudarla.
"Las desgracias recurrentes en nuestro mundo son una llamada a la caridad, a la solidaridad, a comprometernos con los demás, especialmente con los que más sufren", afirmó. Asimismo, agradeció expresamente la labor de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, los profesionales sanitarios, las autoridades y los servidores públicos que atendieron la emergencia, destacando su respuesta no solo profesional, sino también humana.
También advirtió del riesgo de que la solidaridad surgida ante una tragedia se diluya con el paso del tiempo. "Es más fácil la conversión a la solidaridad en las desgracias que en la prosperidad", señaló, invitando a mantener ese compromiso más allá de los momentos de emergencia.
Finalmente, recordó que la reconstrucción después de una catástrofe no debe limitarse a reparar los daños materiales, sino que también ha de fortalecer los fundamentos espirituales y comunitarios de la sociedad. "No podemos convivir de cualquier manera, sino más unidos", afirmó, invitando a aprender de lo sucedido para construir una sociedad más solidaria y humana.
La misa funeral concluyó así como una expresión de duelo, oración y cercanía con las víctimas y sus familias, y "como una invitación a convertir el dolor compartido en un compromiso duradero con la vida, la fraternidad y el cuidado de quienes más sufren", informa el Obispado de Coria-Cáceres.