13 Marzo 2021, 11:12
Actualizado 14 Marzo 2021, 22:42

Este año de pandemia deja en nuestra memoria muchas imágenes, gestos de solidaridad, pérdidas, que seguro recordaremos toda la vida. Pero si pensamos en el sonido de esos primeros días, seguro que hay uno que a todos nos viene a la cabeza, y es el de la voz que salía de los coches de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, en el silencio de las calles vacías informando de nuestra obligación de quedarnos en casa. 

Es tan sólo una de las misiones que asumieron ellos, la Policía Local, la Policía Nacional, la Guardia Civil y el Ejército. Agentes, militares, que en este año han jugado un papel clave, como era garantizar el cumplimiento del Estado de Alarma, todas las restricciones que se marcan en él, así como velar por la seguridad de los ciudadanos. 

Incertidumbre ante las medidas 

Si hay una palabra que resuma la sensación de todos ellos esos días, nos cuentan, es incertidumbre. "Eran normas nuevas, algunas muy duras, como la restricción del derecho a la libertad, y las asumimos con cierta ansiedad, porque no sabíamos como iban a reaccionar los ciudadanos", señala el inspector José L. Gago, coordinador de servicio de la Policía Nacional. 

"Eran normas nuevas, algunas muy duras, como la restricción del derecho a la libertad, y las asumimos con cierta ansiedad, porque no sabíamos como iban a reaccionar los ciudadanos"

Fueron tiempos difíciles, apunta Rubén Muñoz, superintendente de la Policía Local de Badajoz. "Hubo que tomar decisiones en tiempo récord, y se pasó de realizar las funciones habituales a centrarnos casi en exclusiva a atender todas las medidas que se imponían. Entre ellas: la restricción de la movilidad, el cierre de locales no autorizados, además de realizar un patrullaje para garantizar la seguridad". 

Control en cierre perimetral de la Policía Nacional y la Policía Local

 

De día y de noche, 24 horas, estuvieron en la calle trabajando, nos cuenta Alejandro Montes, Teniente de la USECIC de la Guardia Civil. En las calles y carreteras "controlando los cierres perimetrales así como la frontera. También prestando atención a los colectivos más vulnerables como los ancianos, y ahora garantizando el transporte de vacunas"

Todos a una

Una tarea que no ha sido fácil ya que había que adaptarse a los protocolos, y en todo momento se afrontó con una colaboración total de todos los cuerpos, para proteger cada rincón de la región. 

Trabajos que han estado y están coordinados desde la Delegación del Gobierno en la región, en la que hasta la fecha se han celebrado casi setenta reuniones del Centro de Cooperación Operativa Policial (CECOR). 

Papel del Ejército

En todos estos trabajos, también ha sido fundamental el ejército, tanto la UME, como la Brigada Extremadura XI. Sus militares, no sólo apoyaron las tareas de vigilancia, sino que también han trabajado como rastreadores junto a Salud Pública, y han desarrollado una tarea imprescindible descontaminando residencias de mayores, colegios, y edificios.

Militares realizan la desinfección de una residencia de mayores

El capitán Carlos Cespedosa, responsable de Unidad de Descontaminación Biológica del ejército de tierra en Extremadura, señala que al principio fue complicado, porque "no había conocimiento sobre la amenaza y la manera de combatirla, y tuvieron que ir adaptando los protocolos militares según avanzaba la pandemia".

"Había una perfecta armonía y colaboración, quizás basada en que todos estábamos luchando con un fin común que era vencer la COVID-19"

Destaca la perfecta armonía que en este tiempo ha habido entre ellos, los sanitarios, protección civil, y ayuntamientos "quizás basado en que todos estábamos luchando con un fin común que era vencer la COVID-19". 

Vocación de servicio

La pandemia ha hecho que cambie la forma de trabajar de todos los cuerpos. Se dividieron turnos y se establecieron grupos burbujas, para evitar el mayor número posible de asilamientos en caso de contagios.

"La vocación siempre estuvo por encima de todo a pesar del miedo". El inspector Jose L. Gago, señala que hubo mucho compromiso y responsabilidad, "los agentes sabían que el riesgo estaba ahí, pero cuando salían a la calle salía con convicción y con todo el celo profesional, y con un único objetivo: reducir los contagios". 

"En números, seguramente es un trabajo que no se va a repetir porque había conciencia de riesgo, todos sabían que había que estar al 100%"

Hubo agentes de la segunda actividad, que se incorporaron y los jubilados se ofrecían para trabajar. "Hicimos un trabajo bestial", apunta el superintendente Rubén Muñoz. "En números, es seguramente un trabajo que no se va a repetir, porque había conciencia de riesgo, todos sabían que habían que había que estar al 100%".

El capitán Carlos Cespedosa, señala que esa disposición aún continúa, "había que obligarlos a descansar porque todos querían salir a trabajar". 

Lo peor: las muertes

Ha sido para muchos reconocen, el año más duro de su carrera profesional. Pero lo peor, ha sido según el teniente Alejandro Montes, todos los que se han quedado en el camino, "entro ellos compañeros que han estado prestando su servicio y han sido víctimas de esta enfermedad". 

Homenaje de despedida realizado por la Guardia Civil al Fernando Santiago Caminero

Muertes, como la del guardia civil, Fernando Santiago Caminero, el primer agente fallecido en la región por COVID-19. Estaba destinado en Navalmoral de la Mata.

"Lo peor han sido las muertes, muchas de compañeros que han estado prestando su servicio y han sido víctimas de esta enfermedad". 

Lo mejor: los aplausos

La mejor recompensa, según todos los entrevistados a todo el esfuerzo fueron los aplausos que escuchaban a las 8 de la tarde. Aplausos que les emocionaban y que "suponían un plus de motivación" para seguir trabajando

Pero no sólo esos aplausos, sino también coinciden, el apoyo y las numerosas muestras de cariño y solidaridad que han recibido de los ciudadanos, que se han convertido en los mejores aliados. Les donaron pantallas, fabricaron mascarillas para ellos, algunos les cocinaban cuando estaban de guardia o desinfectando residencias. 

"Los aplausos nos emocionaban y suponían un plus de motivación para seguir"

Gestos que confiesan, les hacía ver que estaban haciéndolo bien, y que valoraban su esfuerzo, "reconforta y hace que la fatiga desaparezca". 

Un apoyo que les ayuda a seguir estando en primera línea, en el frente hasta el fin de la pandemia. 

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