Si se acercan a la caja de un supermercado cualquiera, la pregunta más repetida es: "¿Quiere usted el ticket?" Y un porcentaje muy alto de veces la respuesta es: "Sí, por favor". Sin embargo, cuando preguntamos a los clientes si después utilizan ese recibo para algo, las respuestas son: "solo se acumulan en el monedero y no sirven para nada", "los dejamos en la bolsa y nos olvidamos de ellos" y "nos llenamos los bolsos y los bolsillos de papel, para nada".
Los supermercados imprimen cada año en España 5.000 millones de tickets
Los supermercados imprimen cada año en España 5.000 millones de tickets, que suponen el gasto de 4.500 toneladas de papel. Si colocáramos uno detrás de otro, en fila, sería el equivalente a dar 28 veces la vuelta a la tierra. Estos datos reflejan el gasto de papel con el que Asedas, la patronal de las grandes superficies, quiere terminar. Por eso, han pedido al Gobierno una modificación de la normativa que ahora les exige entregar siempre el recibo en papel o en formato digital. El problema es que la mayoría de las compras son por un importe pequeño y muchos clientes prefieren no facilitar el correo electrónico. También hay consumidores que no cuentan con dispositivos digitales. Y aunque el consumidor rechace el ticket, el establecimiento está obligado a imprimirlo.
Países como Francia ya han prohibido la impresión sistemática de los tickets
Países como Francia, Reino Unido, Suiza, Suecia o Países Bajos ya han dado pasos en este sentido, teniendo en cuenta no solo la propia demanda de los clientes, sino también el compromiso de avanzar hacia la economía circular, basada en la reducción del consumo de recursos naturales.