Concha Rodríguez y Marino González, dramaturgos
Antes de que se levante el telón, antes incluso del primer ensayo, hay alguien que ya ha vivido toda la historia. Este 27 de marzo, con motivo del Día Mundial del Teatro, el foco se pone en esos creadores que rara vez ocupan el centro del escenario: los dramaturgos. En Extremadura, dos nombres propios ayudan a entender ese oficio silencioso pero esencial: Concha Rodríguez y Marino González. Dos trayectorias distintas, pero un mismo compromiso con la palabra y la escena.
Concha Rodríguez
Natural de Almendralejo, es una de las grandes referentes de la dramaturgia extremeña. Ha firmado más de una veintena de obras y su relación con el teatro viene de lejos. “He sido actriz, directora, he escrito para otras compañías, para festivales, he traducido”, resume. Sus primeros pasos llegaron en la adolescencia, con textos que ya apuntaban una mirada crítica. “Lo primero que hice fue ‘Mis zapatos sabios’ cuando acabé COU, criticando a los profesores de instituto”, recuerda.
Esa crítica social sigue presente en sus comedias, donde mezcla humor con fondo humano y familiar. Sin embargo, reconoce que el contexto actual condiciona más a la hora de escribir. “Ahora da miedo, sobre todo, si escribes comedia”, señala.
Marino González
Desde Almaraz, transita otro camino: el de la tragedia. Sus textos beben de lo clásico, pero con una mirada contemporánea. “No hago teatro arqueológico, sino muy actual, aunque tenga nombre antiguo”, explica. En sus obras, referencias históricas conviven con inquietudes del presente.
Para él, el proceso creativo pasa inevitablemente por la introspección. “El mejor compañero es el silencio”, asegura, reivindicando la soledad como parte necesaria para construir historias que luego cobrarán vida sobre las tablas.
Ambos comparten, además, la experiencia de trabajar con sus propias compañías teatrales, donde muchas veces escriben pensando directamente en los actores y actrices. “Sus habilidades influyen en cómo serán después los personajes”, apunta González. Rodríguez lo resume de otra manera: “Un buen actor hace suya la obra”.