3 Abril 2026, 19:21
Actualizado 3 Abril 2026, 19:21

Los Empalaos, Fiesta de Interés Turístico Nacional desde 1980, volvieron anoche a recorrer las calles de Valverde de la Vera en una de las manifestaciones de penitencia y tradición más sobrecogedoras de la Semana Santa extremeña. A partir de la medianoche del Jueves Santo, el sonido de las vilortas avisaba a los vecinos de que un Empalao iniciaba su vía crucis, motivado por una promesa o manda hecha ante Dios. El penitente camina descalzo, con un timón de arado sobre los hombros sujeto por una soga de esparto que le envuelve el torso y los brazos desnudos. Lleva una enagua blanca, de cuyo extremo cuelgan las vilortas, y una toga, símbolo del Crucificado.

Su rostro va cubierto con un velo blanco, ceñido por una corona de espinas, mientras que dos espadas cruzadas sobresalen por encima de su cabeza, completando una imagen única que avanza en absoluto silencio por el entramado de calles empedradas. La estampa, iluminada solo por la noche y por la devoción del penitente, volvió a convertir Valverde de la Vera en uno de los escenarios más sobrecogedores de la Semana Santa en Extremadura.