BIODIVERSIDAD
Un año contado en cuatro especies
Cigüeñas, buitres negros, ciervos y grullas marcan el paso de las estaciones en una Extremadura donde cada época tiene su propio paisaje, sonido y protagonista
Canal Extremadura El ciclo de la vida en Extremadura: Primavera (Cigüeña blanca), Verano (Buitre negro), Otoño (Ciervo ibérico), e Invierno (Grullas comunes). Cuatro paneles, un solo territorio de biodiversidad
La primavera nace en los campanarios con el crotorar de las cigüeñas, el verano planea sobre la dehesa bajo la sombra del buitre negro, el otoño sobrecoge el monte con la berrea del ciervo y el invierno se despliega al trompeteo de las grullas. Cuatro especies, cuatro momentos del calendario y un mismo refugio: Extremadura.
El curso del año no solo se mide en los termómetros, sino también en los ritmos biológicos de la fauna que habita este territorio. Reproducción, vuelo, celo y migración dibujan un calendario natural que permite recorrer Extremadura siguiendo a cuatro de sus grandes protagonistas.
Primavera · Nace la cigüeña (Ciconia ciconia)
El despertar primaveral cobra vida en los tejados, torretas y campanarios extremeños. Tras la migración transahariana o después de pasar el invierno en la península, la cigüeña blanca regresa a sus nidos y comienza a preparar una nueva temporada reproductora. Palos, ramas y otros materiales sirven para reparar unas estructuras que, año tras año, pueden alcanzar un tamaño considerable.
Pero esta estampa tan familiar atraviesa un momento delicado. Según el VIII Censo Internacional de Cigüeña Blanca de SEO/BirdLife, realizado en 2025, la población reproductora extremeña se sitúa en torno a las 8.500 parejas, alrededor de un 23 % menos que en el anterior gran censo.
El cambio en la gestión de los residuos, con el cierre de vertederos a cielo abierto, la transformación de determinados usos agrícolas y la desaparición o retirada de algunos nidos forman parte de los factores que pueden estar detrás de este retroceso.
La cigüeña continúa siendo una de las especies más reconocibles de Extremadura, pero su evolución demuestra que hasta las estampas más habituales del paisaje pueden cambiar.
Primavera: nace.
Verano · El vuelo del buitre negro (Aegypius monachus)
Bajo el sol estival, las corrientes térmicas elevan a una de las aves más majestuosas de la fauna ibérica. El buitre negro domina las alturas extremeñas con una envergadura que puede acercarse a los tres metros, planeando durante largos periodos sin apenas batir las alas.
Extremadura constituye uno de los principales bastiones europeos de la especie. El último censo nacional disponible contabilizó 964 parejas reproductoras en la región, alrededor del 38 % de la población española. Monfragüe, la Sierra de San Pedro y el Tajo Internacional se encuentran entre los territorios extremeños de mayor importancia para esta rapaz.
Su presencia está estrechamente ligada al monte mediterráneo y a las grandes masas forestales. Allí instala sus enormes nidos, generalmente en árboles de gran porte, y desarrolla un largo ciclo reproductivo que atraviesa buena parte del año.
En verano, además, llega uno de los momentos más delicados: los jóvenes comienzan sus primeros vuelos, después de meses de desarrollo en el nido.
El buitre negro cumple también una función fundamental en los ecosistemas. Como especie carroñera, aprovecha cadáveres de animales y contribuye a retirar materia orgánica del medio, formando parte de los procesos naturales de reciclaje del ecosistema.
Desde las sierras hasta las dehesas, su vuelo se convierte en una de las imágenes más espectaculares del verano extremeño.
Verano: vuela.
Otoño · Brama el ciervo (Cervus elaphus)
En septiembre, el monte cambia de sonido. Comienza la berrea, el periodo reproductivo del ciervo y uno de los grandes espectáculos naturales del otoño extremeño.
Los machos emiten sus característicos bramidos para marcar territorio y atraer a las hembras. También pueden producirse enfrentamientos entre ejemplares, en los que las cuernas se convierten en el instrumento de una lucha cuyo objetivo es imponerse a los rivales.
Monfragüe, la Sierra de San Pedro, Las Villuercas-Ibores-Jara o la Reserva Regional de Caza de Cíjara son algunos de los territorios donde este fenómeno puede escucharse con especial intensidad.
La berrea no solo transforma el paisaje sonoro. También marca un momento clave en el ciclo biológico de una especie estrechamente ligada a los montes y dehesas extremeños.
Su población requiere, además, un seguimiento continuo. Conocer cuántos animales hay y cómo se distribuyen permite gestionar las poblaciones y evitar una presión excesiva sobre la vegetación y la regeneración del arbolado, especialmente en espacios protegidos.
Durante unas semanas, el ciervo convierte el silencio del monte en un auténtico concierto natural.
Otoño: brama.
Invierno · Migra la grulla (Grus grus)
Cuando el frío se instala en el norte de Europa, el cielo extremeño comienza a llenarse de movimiento. Las grullas emprenden su viaje hacia el sur y encuentran en Extremadura uno de los grandes territorios de invernada de Europa.
Las primeras pueden llegar durante la segunda mitad de octubre, aunque las mayores concentraciones se producen entre diciembre y enero. En una temporada media, alrededor de 139.000 grullas pueden pasar el invierno en la región, aprovechando la combinación de dehesas, cultivos y zonas húmedas.
Durante el día se dispersan por los campos para alimentarse. Las bellotas de la dehesa constituyen uno de sus principales recursos, junto con semillas y restos de cultivos. Al caer la tarde, regresan a los dormideros comunales, muchas veces situados en embalses, charcas y otras zonas húmedas.
Es entonces cuando el paisaje se transforma. Miles de aves regresan juntas al dormidero mientras el característico trompeteo de las grullas acompaña su vuelo.
Vegas Altas del Guadiana, La Siberia, las zonas de Miajadas-Trujillo o los alrededores de grandes embalses forman parte de este enorme territorio de invernada.
Extremadura se convierte así, durante los meses más fríos, en refugio para una especie que cada año recorre miles de kilómetros entre sus áreas de reproducción y sus territorios de invernada.
