El arzobispo de Mérida‑Badajoz, fray José Rodríguez Carballo, ha presidido los actos del Viernes de Dolores en el Santuario de Nuestra Señora de los Dolores de Chandavila, en La Codosera (Badajoz).
La celebración comenzó a las 17:00 horas, cuando los fieles pudieron participar en un tiempo de confesiones en la Capilla de la Reconciliación. Una hora más tarde, a las 18:00, dio inicio el Vía Crucis por la vía sacra del recinto, seguido de la Santa Misa celebrada en la explanada del santuario, que reunió a numerosos devotos en una de las citas más significativas del calendario mariano local.
Espacio de espiritualidad singular
El Santuario de Nuestra Señora de los Dolores de Chandavila se ha convertido en uno de los espacios de espiritualidad más singulares de Extremadura. Su identidad combina devoción mariana, entorno natural y una profunda vinculación con la frontera portuguesa. Aunque el origen del culto procede de supuestas apariciones, la Iglesia mantiene un nihil obstat, es decir, permite la veneración sin pronunciarse sobre la naturaleza sobrenatural de los hechos.

Apariciones que marcaron el inicio del culto
La historia del santuario se remonta al 27 de mayo de 1945, cuando dos niñas del municipio, Marcelina Barroso Expósito y Afra Brígido Blanco, aseguraron haber visto a la Virgen María en la ladera de la sierra de Chandavila, reflejada en un castaño. Las visiones, descritas como apariciones de la Virgen de los Dolores, insistían en la oración y la penitencia. A falta de un reconocimiento oficial de carácter milagroso, la Iglesia optó por permitir la devoción, siguiendo un criterio pastoral similar al aplicado en otros lugares de gran fervor como Medjugorje municipio de Bosnia y Herzegovina.
De la capilla al santuario diocesano
La reacción vecinal fue inmediata. En 1947, con el impulso del párroco, el alcalde y numerosos voluntarios, se levantó una primera capilla junto al tronco del castaño, que todavía se conserva como símbolo del acontecimiento. Con el paso del tiempo, la afluencia de fieles motivó la construcción de un templo mayor, presidido por la imagen de la Virgen de los Dolores y caracterizado por una arquitectura blanca y sobria que favorece la oración.

El santuario ha continuado creciendo en relevancia. En 2020, la Santa Sede concedió un Año Jubilar con motivo del 75 aniversario de las apariciones. Posteriormente, el 15 de septiembre de 2024, el arzobispo de Mérida‑Badajoz, José Rodríguez Carballo, elevó oficialmente el lugar a santuario diocesano, considerado el primer paso hacia un posible reconocimiento de carácter internacional. El papa Francisco ha respaldado espiritualmente el enclave, describiéndolo como “una luz en España”.