El ‘Proyecto Mariposas’ atiende a 185 hijos de madres víctimas de violencia de género
Badajoz acoge una jornada centrada en la realidad de los menores víctimas de la violencia vicaria. Se enmarca en el proyecto Mariposas, de Cruz Roja y la Diputación de Badajoz, que trabaja desde hace tres años con estos jóvenes. Una labor necesaria ya que está demostrado que estos menores sufren consecuencias en su desarrollo neurológico y emocional.
Hay tipos de secuelas poco estudiadas
Natalia Hidalgo lidera un proyecto de investigación en la Universidad de Granada. Habla de depresión, estrés postraumático, ansiedad: "Estas secuelas tienen una repercusión en su día a día, en su calidad de vida, en su rendimiento académico". Pero Hidalgo se ha referido también a otro tipo de secuelas "poco estudiadas", como las neuropsicológicas: "problemas de memoria o de atención".
En la jornada se ha ofrecido un dato: el 30% de los menores que han vivido episodios de violencia machista en casa serán víctimas o maltratadores. El proyecto Mariposas trabaja con ellos para evitarlo. "Se autoprotegen de una manera o de otra y a nosotras no nos cuentan directamente qué es lo que les sucede, porque ellos tienen como una realidad de alivio, refrescan su vida, la humanizan", asegura María Gómez, responsable del proyecto y experta en violencia de género.
Trabajan con 303 personas, de ellos 185 menores
Ahora trabajan con 185 menores, algunos adolescentes que podrían ir asumiendo, además, el machismo y las desigualdades como algo natural del hombre y convertirse en posibles maltratadores por derecho propio. Olmo Morales, de la Universidad Complutense de Madrid, busca con hombres fórmulas para evitar ese impacto: "Los hombres, por el mero hecho de haber nacido en una sociedad machista, patriarcal, disfrutamos de privilegios y ejercemos de una manera más o menos consciente pequeñas microviolencias con las mujeres. Entonces, en vez de atajar y trabajar con esos hombres especialmente violentos, la apuesta es trabajar con todos los hombres, porque de alguna manera todos nos aprovechamos de esa desigualdad y la reproducimos".
Olmo destaca que expresar vulnerabilidad no es síntoma de apoyo feminista; de hecho, él ha observado en la terapia que los hombres que más lloran son los más violentos.


