El reciente desmantelamiento por parte de la Guardia Civil de una red de clínicas estéticas ilegales que operaban en España con productos sin control sanitario, personal no cualificado y precios muy por debajo del mercado ha vuelto a poner el foco sobre una realidad cada vez más preocupante: el auge de centros clandestinos y pseudoprofesionales que ponen en riesgo la salud de miles de pacientes.
La última actuación policial, desarrollada en Cataluña, ha hecho saltar todas las alarmas entre asociaciones de consumidores y cirujanos, que advierten de que “los precios gancho pueden salir muy caros”. Una advertencia especialmente relevante en un contexto en el que las estadísticas indican que la mitad de los españoles ya se ha realizado algún retoque estético, mientras que la otra mitad reconoce estar valorándolo.
Riesgos para la salud y falta de control sanitario
Las clínicas ilegales desmanteladas ofrecían tratamientos sin cualificación profesional ni autorización sanitaria, utilizando además medicamentos sin control médico. Para evitar caer en este tipo de fraudes, es fundamental comprobar que los centros cumplen con los requisitos exigidos por la normativa sanitaria.
El técnico de la Unión de Consumidores de Extremadura (UCE), Juan Carlos López, recuerda que “tienen que tener visible un documento que acredite la titulación del profesional, tienen que tener la autorización de la Junta de Extremadura y un número de registro como centro sanitario”.
Desconfianza ante precios bajos y ofertas milagro
Una advertencia que comparten los profesionales del sector. En una clínica de medicina estética de Cáceres, Verónica Tabarné, médica especializada en medicina estética, antiedad y regenerativa, alerta de los peligros de acudir a centros clandestinos. “Pueden colocarse algún medicamento o producto muy parecido a la toxina botulínica, pero al final no es, y eso pone en peligro su vida”, señala.
Para evitar sustos, recomienda verificar siempre que el medicamento utilizado es el prescrito y homologado, y advierte de que estos fármacos no son fácilmente accesibles. “Nosotros tenemos que solicitar la toxina a una farmacia que esté adherida; nosotros directamente no podemos comprar el bótox”, explica.
Precisamente por el coste y el control sanitario que requieren estos tratamientos, expertos y consumidores coinciden en que es imprescindible desconfiar de descuentos excesivos y precios anormalmente bajos, ya que detrás de ellos puede esconderse un grave riesgo para la salud.