Con la llegada de los viernes de Cuaresma, los católicos evitan comer carne como gesto de penitencia y reflexión espiritual. Una práctica que se mantiene vigente generación tras generación y que, en muchas casas, marca la manera de vivir este tiempo litúrgico.
Hemos estado con una familia emeritense que sigue fielmente esta tradición y nos abre las puertas de su hogar para mostrarnos cómo adaptan sus menús y qué platos preparan en estos días.
En casa de María, son siete en familia, aunque sus cinco hijos, de entre 19 y 29 años, empiezan ya a tomar sus propios caminos. Aun así, todos ellos han crecido en un entorno cristiano y practicante, donde la Cuaresma forma parte de su vida desde pequeños. Desde este miércoles pasado, Miércoles de Ceniza, iniciaron el camino hacia la Pascua: 40 días de penitencia, reflexión y purificación, cuyo gesto más conocido es la abstinencia de carne los viernes, hasta llegar al Viernes Santo.
La Cuaresma, como ocurre también en otras religiones, representa un tiempo de recogimiento interior, con un profundo sentido espiritual para quienes la viven. En esta familia, la tradición ha pasado de padres a hijos… y ahora también realiza el camino inverso. Para el pequeño de la casa, que estos días está fuera del hogar, esta semana está siendo todo un descubrimiento al vivir la liturgia lejos de su entorno habitual.
Una tradición que, en esta familia, seguirá viva hasta el próximo 3 de abril, Viernes Santo, cuando concluirá este periodo de preparación previo a la Pascua.
El Miércoles de Ceniza marca el inicio de la Cuaresma