22 Marzo 2026, 11:17
Actualizado 22 Marzo 2026, 11:17

Con la llegada de la primavera, vuelve a los parques y pinares una presencia tan habitual como temida: la oruga procesionaria. Sus filas avanzando por el suelo inquietan a vecinos y paseantes, y no es para menos. Además de causar fuertes irritaciones en la piel humana, esta oruga supone un riesgo especialmente grave para los animales domésticos, sobre todo los perros.

Los expertos recuerdan que ni siquiera es necesario tocarlas para sufrir sus efectos. José Marín, presidente del Colegio de Veterinarios de Badajoz explica que sus pelos urticantes pueden desprenderse y ser arrastrados por el viento, clavándose “como auténticas flechas” en la piel de personas y animales. En humanos, el contacto provoca irritación, enrojecimiento y un intenso picor. Pero en perros, el peligro es aún mayor: pueden llegar a perder parte de la lengua, los labios o la nariz por la necrosis que generan estas toxinas.

En caso de contacto, señalan que el dueño puede realizar un primer auxilio aliviante: lavar la zona afectada con abundante agua para retirar los pelos urticantes. Sin embargo, insisten en que es imprescindible acudir “de forma urgente” al veterinario para recibir tratamiento y evitar que la necrosis avance.

ORUGA

Tratamientos preventivos en los municipios

Para contener su expansión, muchos ayuntamientos han reforzado los tratamientos preventivos. En el de Mérida, por ejemplo, se fumigan los árboles en los que hubo procesionaria el año anterior “para evitar que la polilla deposite los huevos”, como señala Marco Antonio Guijarro, delegado de Parques y Jardines. Y si aun así llegan a hacerlo, se procede a la retirada de los nidos antes de que las orugas desciendan al suelo.

En otros municipios, como Alange, se utilizan trampas instaladas en los troncos de los pinos. Estas capturan a las orugas cuando inician su característico descenso en fila india. "Se han puesto en zonas donde pasan las personas. Tenemos zonas de pinares con carteles... estamos erradicando zona donde hay acerado", indica la alcaldesa de Alange, Julia Gutiérrez. “Se aprovecha que la oruga está bajando y va a entrar en la bolsa, que no hay que tocar nunca”, señala Elías González, técnico en control de plagas.

La presencia de la procesionaria es un fenómeno cíclico que, aunque difícil de evitar, puede controlarse. La combinación de prevención municipal y precaución ciudadana es clave para reducir riesgos. Mantener a las mascotas atadas en zonas con pinos, evitar tocar nidos o hileras de orugas y avisar a los servicios municipales cuando se detecten son medidas esenciales.

Con estos protocolos, los municipios buscan que la llegada de la primavera no se convierta en una pesadilla y que la convivencia con esta especie sea lo menos peligrosa posible.