La reforma del sistema judicial, en vigor desde el inicio de este año, supone una de las transformaciones más profundas de la Justicia en España en décadas. El nuevo modelo, implantado de forma progresiva, persigue modernizar y hacer más eficiente la organización judicial, aunque su aplicación está generando confusión, dudas e incertidumbre entre los operadores jurídicos.
Entre los cambios más destacados desaparece el tradicional concepto de juzgado unipersonal, que da paso a un Tribunal de Instancia, un órgano colegiado que agrupará a jueces y funcionarios en distintas secciones según la materia. La reforma también contempla la creación de Oficinas de Justicia en todas las localidades donde hasta ahora existían juzgados de paz, con el objetivo de acercar el servicio a la ciudadanía.
Incertidumbre y confusión
Sin embargo, desde el sector judicial advierten de una aplicación marcada por la improvisación, la falta de información clara y una insuficiente dotación presupuestaria, factores que están dificultando la adaptación al nuevo sistema.
Pese a ello, algunos profesionales confían en que la unificación de juzgados dentro de un único Tribunal de Instancia permita agilizar los procedimientos y reducir tiempos, una vez superada la fase inicial de ajuste.
Modificaciones
Uno de los cambios más relevantes afecta a la mediación, que pasa a ser un requisito obligatorio antes de interponer determinadas demandas. Una medida pensada para aliviar la carga de los tribunales, pero que, según advierten algunos expertos, podría generar un embudo judicial si no se refuerzan adecuadamente los servicios de mediación.
La reforma también introduce modificaciones en los juzgados de Violencia de Género, que a partir de ahora asumirán igualmente los casos de Violencia Sexual, una ampliación de competencias que ha despertado preocupación por la carga de trabajo y los recursos disponibles.
El Ministerio defiende que se trata de una transformación integral orientada a una justicia más ágil, moderna y accesible.