Con el frío de enero regresa una de las tradiciones más arraigadas de Extremadura: la matanza. Este sábado, Portaje se ha convertido en punto de encuentro para vecinos y visitantes con motivo de la tercera edición de la Matanza Extremeña.
Desde primeras horas de la mañana, el pueblo olía a tradición. A partir de las diez, comenzó el despiece del cerdo, realizado de manera colectiva y siguiendo los métodos de siempre, los que durante décadas han marcado el ritmo de los inviernos en los pueblos extremeños.
La matanza en Extremadura
Un trabajo que se hace con pocos utensilios, pero con mucha experiencia: cuchillos, fuego, palas para raspar y, sobre todo, ganas. Como recuerdan los vecinos, en Portaje la matanza formaba parte de la vida cotidiana en casi todas las casas. Un oficio que se aprende desde niño y que se transmite de generación en generación, tal y como lo hacían abuelos y padres, manteniendo intactas las formas y los tiempos de la matanza tradicional.
Pero la jornada no termina en el corral. La matanza continúa en la cocina, donde la tradición también se saborea. Platos como el arroz de matanza con hígado, las costras de las costillas o el magro guisado protagonizan una comida que reúne a todos alrededor de la mesa.