14 Octubre 2021, 9:20
Actualizado 14 Octubre 2021, 10:28

Angela Merkel nació en 1954, en Hamburgo. Hija de un pastor protestante y una exigente maestra de latín e inglés, pasó su infancia en la Alemania Oriental. Estudió Física y se doctoró en Química, enseñanzas que marcarían después la pragmática forma de gobernar de la mujer más poderosa del mundo. 

Tras la caída del muro de Berlín, llegó a la política. Como anécdota, la caída del muro le pilló en su rutinaria visita a la sauna. Se unió al partido, de reciente creación, Despertar Democrático. Tras las primeras elecciones democráticas en la República Democrática Alemana, se convirtió en la viceportavoz del nuevo Gobierno de Lothar de Maizière. Posteriormente, participó, también, en las primeras elecciones tras la reunificación alemana.

En ese mundo de la política, que parecía reservado para hombres, empezó siendo ' la chica de Kohl', su mentor su político y al que pidió que dimitiese 10 años después cuando se vio envuelto en un escándalo de financiación irregular. 

Los cinco años posteriores fueron los de su ascenso meteórico. Hasta que, en 2005, hizo historia al convertirse en la primera mujer canciller y el primer político crecido en el Este.

La llaman 'la mujer de las crisis'. Ha tenido que lidiar con unas cuantas, las más importantes, la crisis económica que azotó, especialmente, al sur de Europa y la reciente crisis derivada de la pandemia. Pero también se la apoda como 'Mutti Merkel', la mami de los desamparados. 

Sus repentimos temblores en 2019 dispararon las alarmas y le obligaron a confesar que se deben a un raro cuadro neurológico. Nada que ver con los nervios de acero que ha mostrado siempre. Incluso, cuando el ruso Putin (sabiendo de su fobia a los perros) dejó que su labrador la olfateara a sus anchas. 

De carácter extremadamente reservado, de ella se dice que nadie sabe lo que piensa. Lo que sí se conoce es que es forofa del fútbol y del Borussia. Entre sus aficiones, también está la cocina y le encanta bailar y cantar. 

Ahora, a las puertas de su jubilación, confiesa que disfrutará de su retiro. Y avisa: "no me llamen, tendré el móvil apagado". 
 

 

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