La floración de los frutales comienza, como cada año, a teñir de color el campo extremeño. Del rosa intenso de los melocotoneros y las nectarinas al blanco rosado de los ciruelos, el paisaje ofrece su habitual estampa bucólica. Pero este año, basta con bajar la mirada hasta las raíces para comprobar que la realidad es muy distinta: enormes balsas de agua permanecen anegadas en las zonas próximas al Guadiana.
El presidente de Afruex, Natalio Caballero, advierte de la gravedad de la situación:
“Casi dos semanas completamente inundados hace peligrar no solo el fruto, también el árbol entero”, señala. Desde la asociación realizan ya un primer recuento de daños y, aunque insisten en que es pronto para calcular pérdidas exactas, reconocen que “en muchas de estas explotaciones perderán más de la mitad de la producción”.
En las Vegas Bajas del Guadiana, el almendro —que acaba de iniciar su floración esta misma semana— es otro de los cultivos afectados por las inundaciones. En una finca familiar cercana a Mérida, acompañamos a Javier Aguilar, agricultor, para comprobar el alcance del problema: la mitad de la parcela de almendros lleva 15 días bajo el agua.
Javier lo explica con preocupación: “Estamos hablando de más de 1.500 árboles que se nos morirán. Habrá que replantarlos y esperar tres años a que vuelvan a producir”, lamenta.
El momento no puede ser peor: “Lo que hace el agua es asfixiar el árbol e impedir que tiren las flores”, añade. Y mira al futuro inmediato con incertidumbre: “Esperemos que haya ayudas para que nos dé tiempo a que el árbol vuelva a crecer”.
A la espera de esa recuperación, el agricultor asume que este año la cosecha se resentirá de manera notable. Frente a los ha