22 Julio 2021, 17:10
Actualizado 22 Julio 2021, 17:10

Hasta los más jóvenes las han visto, aunque lo cierto es que cada vez quedan menos. Son las llamadas casillas de peón caminero. “Extremadura llegó a tener entre 430 y 440 construcciones de este tipo” comenta el ingeniero Emilio Arévalo. Casi todas ellas se han demolido, pero calcula que unas 40 permanecen en ruinas.

Cuando en el siglo XVIII se empezaron a construir las primeras carreteras, todavía de tierra, se instauró también un sistema de conservación. Era una organización jerárquica en la que el último eslabón era el peón caminero. Por cada cuatro o cinco peones, había un capataz. Y por encima de todos, los ingenieros. 

Los peones habitaban casas junto al camino para cumplir su misión: permanecer en el tramo asignado durante toda la jornada, hacer una inspección diaria para prevenir los daños, acometer las labores de mantenimiento, cuidar las herramientas y reportar al capataz. Estas casillas, “que normalmente estaban en alto y cerca de una fuente de agua”, se multiplicaron por todo el país. Ahora han pasado a ser un recuerdo familiar, presas del vandalismo y el abandono

La vida junto a la carretera

Las primeras casas tenían unos 79 metros cuadrados y un pequeño huerto de 28 metros cuadrados. Después pasaron a un modelo de casillas pareadas aptas para dos familias, que fue el que imperó en Extremadura. La construcción disponía de un vestíbulo y un patio en común. “Eran construcciones económicas. En el patio de la casa estaba instalado el pozo y el excusado. Y allí también guardaban las herramientas o la leña”, explica Emilio Arévalo en el programa El Lince con Botas de Canal Extremadura.

“La mayor movilidad y la mejora del transporte hicieron que el uso de estas casas no fuera necesario. El personal podía habitar en los pueblos y desplazarse en su propia moto o en su vehículo”. El ofició mutó y para mejorar la eficiencia, el Ministerio de Obras Públicas constituyó los actuales Parques de Conservación que agrupaban las diferentes zonas y tramos.

Una vez que cayeron en el abandono, son pocas las que han sobrevivido. Algunas de ellas pasaron a tener otros usos. Por ejemplo, en Alcántara se transformó en un centro de la Cruz Roja. O en Olivenza, se utiliza como sede de Protección Civil. Pero la mayoría de las casas de los conservadores, no se conservan. “Conservar exige dinero y siempre hay prioridades”, comenta Arévalo.

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