Piornal ya calienta motores para la celebración del Jarramplas, una de las fiestas más singulares de Extremadura, cuya cita será el próximo 19 de enero. Con algo menos de dos semanas por delante, el ambiente empieza a sentirse en el municipio más alto de la región, donde la tradición y la emoción se mezclan al grito de “¡que viene, que viene!”.
La fiesta, declarada de Interés Turístico Nacional, volverá a tener como protagonistas a los nabos, los rosados tubérculos que cada enero se lanzan contra el Jarramplas. Para esta edición, la previsión es reunir entre 25.000 y 28.000 kilos de nabos, una cifra similar a la de años anteriores.
Una parte de ellos saldrán de una finca de Jaraíz de la Vera, donde en estos días se están realizando labores de cosecha. En concreto, de esta explotación se obtendrán alrededor de tres toneladas, mientras que el grueso de los nabos procederá de una finca portuguesa que abastece al municipio para garantizar el volumen necesario.
Sin estos tubérculos, la fiesta no sería lo mismo. Serán ellos los encargados de cubrir las calles de Piornal cuando más apriete el frío, tal y como recuerda la copla popular, y de convertir el casco urbano en un auténtico escenario de lanzamiento continuo durante la celebración.
Entre quienes participan ya en los preparativos se encuentra César, trabajador del Ayuntamiento, que estos días se afana en la recolección. Sin embargo, su vínculo con la fiesta va más allá: en 2027 será él quien se enfunde la monstruosa máscara del Jarramplas, cambiando el cuchillo de cosecha por el tambor y la cachiporra, símbolos del personaje principal.
Los nabos comenzarán a llegar a Piornal a mediados de la próxima semana, coincidiendo con los días más fríos del invierno, momento en el que se almacenarán y distribuirán para una celebración que, un año más, atraerá a miles de visitantes.
Con todo listo, el municipio se prepara para vivir intensamente una fiesta que forma parte de su identidad y que sitúa a Piornal en el mapa nacional cada mes de enero.