NATURALEZA
El castaño del Ambroz en peligro crítico: el cambio climático y la sequía amenazan al gigante
El castaño es una especie vulnerable que necesita frío y agua para subsistir. Sin embargo, la realidad climática actual se traduce en menos lluvias y más días de calor extremo
Canal Extremadura Bosque de castaños en el Valle del Ambroz
El castaño es el árbol que atrae todas las miradas en el Ambroz, pero el cambio climático lo está poniendo en serio peligro. Este gigante forestal, sustento histórico de la vida de los pueblos y origen de nuestros árboles singulares más emblemáticos, se enfrenta a una crisis de supervivencia sin precedentes debido a la falta de humedad y al aumento drástico de las temperaturas.
El castaño es una especie vulnerable que necesita frío y agua para subsistir. Sin embargo, la realidad climática actual se traduce en menos lluvias y más días de calor extremo, lo que compromete gravemente su futuro en la región.

El refugio atlántico de Extremadura
Las mayores y mejor conservadas masas de castaños en Extremadura comparten una característica vital: están orientadas hacia el Atlántico para aprovechar al máximo la influencia marítima. "Tenemos castañares principalmente como el Soitu, en San Martín de Trevejo, que está orientado hacia Galicia; también podemos tener en Sierra de Gata el castañar de Robledillo, o podemos poner como ejemplo el castañar gallego, en Hervás; también tenemos ejemplos en el Jerte, el castañar del pueblo de Jerte o de Casas del Castañar también están orientados al noroeste", detalla Álvaro Camisón, Doctor de la Escuela Forestal de la Universidad de Extremadura.
El experto señala que el equilibrio hídrico que requiere este árbol es muy estricto: "El castaño necesita, en cuanto a precipitaciones, un mínimo de entre 800 y 1.000 litros al año y es importante que estén bien distribuidas a lo largo del año, especialmente que llueva algo en verano. En cuanto a temperatura, es una especie que necesita cierta temperatura y es por ello que nuestras principales masas de castaños en Extremadura pues, digamos, que miran a Galicia".
A pesar de que el castaño es una especie termófila y le gusta el calor, Álvaro Camisón aclara que "no aguanta temperaturas extremas durante el verano, son contraproducentes para su desarrollo. Y tampoco aguanta los fríos extremos, siendo muy sensible a las heladas tardías en primavera cuando ya ha brotado".
Un motor económico bajo la amenaza de la aridez
La importancia de preservar este entorno no es solo ecológica, sino también económica para la región. En Extremadura existen unas 3.500 hectáreas de castaños que generan una producción de alrededor de 4 millones de kilos, un motor socioeconómico vital para los pueblos del norte.
Aunque se estima que la superficie forestal general se ha recuperado a lo largo del último medio siglo, la velocidad del cambio climático amenaza con echar por tierra esta buena racha. La combinación del aumento térmico constante, la falta de agua y la creciente aridez del suelo están afectando a la salud general del bosque, en ocasiones de manera irreversible. No se trata ya de lograr una recuperación del terreno, sino de garantizar su capacidad de adaptación.

Un declive histórico: el impacto de la enfermedad de la 'tinta'
La actual crisis climática no es el único frente que debilita al castaño. En los dos últimos siglos, la superficie forestal de castaños se ha reducido un 80%. Esta alarmante pérdida se debe a la combinación de variaciones ambientales y a una patología letal que azota a la especie desde hace generaciones. "El castaño tiene una enfermedad clásica y bien conocida que es la enfermedad de la tinta, que la produce un microorganismo y que lleva presente en Extremadura desde el siglo XVIII, concretamente desde 1720 aproximadamente", advierte el investigador de la Universidad de Extremadura.
El bucle de vulnerabilidad: plagas, calor e incendios
Los bosques afrontan un proceso de cambio acelerado condicionado por la crisis climática, las plagas y el abandono de la gestión forestal tradicional. Esta situación ambiental ha generado un escenario de extrema vulnerabilidad en el que más del 10% de la masa arbórea experimenta un deterioro severo.
Esta degradación responde a una suma de factores concurrentes que se retroalimentan entre sí:
- Estrés térmico: Las altas temperaturas constantes disparan la evaporación hídrica y debilitan los árboles.
- Proliferación de plagas: La alteración térmica debilita las defensas de los árboles y favorece la irrupción de insectos perjudiciales y especies invasoras.
- Riesgo de incendios: El impacto de las plagas genera una acumulación masiva de materia seca en el monte. Esto multiplica el riesgo de grandes incendios forestales que, al quemarse, emiten más CO₂ a la atmósfera, acelerando de nuevo el calentamiento global.
Éxodo forestal: los abuelos del bosque migran a las cumbres
Con veranos cada vez más largos que comienzan antes y acaban más tarde, y precipitaciones notablemente más irregulares, los castaños sufren un enorme estrés hídrico que los obliga a buscar alternativas para sobrevivir. Aquellos ejemplares o poblaciones que crecen en las zonas de menor altitud ya registran tasas de mortalidad muy altas y están desapareciendo.
La respuesta de la naturaleza para compensar estas olas de calor ya es visible en la geografía: "Lo que se está viendo es que las especies forestales están ganando en altitud y eso lo hacen para compensar el estrés hídrico y las olas de calor que sufren en zonas bajas", explica Álvaro Camisón.
De continuar esta tendencia, el paisaje del Ambroz y del norte extremeño sufrirá una transformación irreversible. Las poblaciones de castaños quedarán reducidas y localizadas exclusivamente en puntos muy concretos con microclimas favorables. Con el paso del tiempo, los ejemplares más antiguos —los verdaderos "abuelos" de nuestros bosques— desaparecerán de sus valles tradicionales, forzados a migrar hacia las cumbres en busca del frío y la humedad que el llano ya no les puede dar.