22 Febrero 2026, 12:07
Actualizado 22 Febrero 2026, 12:07

El asno andaluz, una de las razas autóctonas más antiguas de la península ibérica, atraviesa una situación crítica. En Extremadura apenas quedan 60 ejemplares, entre ellos Kira y Anita, dos burras que viven en Salvaleón y que forman parte del proyecto de conservación impulsado por ASNOPRA, la asociación nacional que trabaja por la recuperación de esta especie.

La falta de relevo generacional y la desaparición del trabajo de fuerza en el campo han situado al asno andaluz al borde de la extinción. Considerado durante siglos un pilar esencial de la vida agrícola, su presencia hoy es sobre todo un símbolo vivo del mundo rural, un vestigio de la memoria campesina que se resiste a desaparecer.

Según ASNOPRA, apenas 550 asnos andaluces están censados en toda España, repartidos principalmente entre Andalucía y Extremadura. Una cifra muy baja, comparable con especies tan protegidas como el lince ibérico, que supera ya los 1.500 ejemplares. Pese a su nobleza, resistencia y adaptación al clima, la falta de productividad del animal ha hecho que muchos ganaderos dejaran de criarlo.

Mantener viva la raza no es rentable y quienes la crían lo hacen por pura vocación. Muchos de ellos son jóvenes que, pese a tener otros trabajos, dedican tiempo y recursos a conservar lo que consideran un patrimonio cultural único. “Lo que no se conoce, no se puede querer ni conservar”, insisten desde la asociación, que ve en citas como la Feria Internacional Ganadera de Zafra una oportunidad para acercar estos animales al público.

El asno andaluz no es solo un animal en peligro crítico. Es una pieza de la memoria rural, presente en antiguas fotografías, en la tradición oral y en la historia de las labores del campo. Protegerlo significa preservar ese legado intangible que forma parte de la identidad del sur peninsular.