Javier Meneses, uno de los hijos de Francisca Cadenas, recuerda el impacto que supuso la llegada de la Unidad Central Operativa (UCO) al caso: “Cuando cogió el caso la UCO fue un vaivén emocional enorme. Pensábamos que lo iban a resolver en muy poco tiempo.”
A pesar de los años transcurridos, mantiene su confianza: “Estoy seguro de que se va a resolver y vamos a saber quién fue la persona que hizo desaparecer a mi madre.”
No obstante, Javier reconoce que siempre le queda la duda de por qué la UCO no intervino antes. La familia considera que en los primeros momentos se cometieron errores importantes. Uno de ellos, según explican, fue no entrar en las casas de la calle aquella misma noche, pese a que varios vecinos ofrecieron abrir sus puertas.
Su hermano José Antonio subraya esa idea: “Si la Guardia Civil hubiera registrado todas las casas, cocheras, habitaciones o pozos, este caso ya estaría resuelto.”
Esa inquietud se la han trasladado también a los investigadores, aunque recuerdan que este tipo de intervenciones requieren de una orden judicial, motivo por el cual insisten en que los registros debieron realizarse aquella noche de forma voluntaria.
Diego, el marido de Francisca, asegura que lo único que desean es conocer la verdad.
“Pero esperanza de vida, no. Tenemos muy claro lo que pudo pasar.” Desde el primer momento ha sostenido que la desaparición no fue voluntaria. En su casa, el tema sigue presente cada día: analizan, recuerdan, imaginan qué pudo ocurrir.
Las noches, reconoce, siguen siendo especialmente duras sin ella. Francisca tendría ahora 68 años. Para su familia, la vida quedó detenida hace nueve años, desde aquel día en que desapareció.