FESTIVAL KM. 666
Cine de todos los géneros, también de terror, en el KM 666
Trece cortometrajes, elegidos entre más de 140, compiten en la Sección Oficial. La gala del 24 de octubre premiará a José María Fernández de Vega, alma de la productora The Glow
Cedida Miriam García Cabezas y Fernando Clemente
Vivimos en una paradoja bastante ridícula. Pasamos horas deslizando vídeos de tres segundos en el móvil y, sin embargo, nos da una pereza enorme sentarnos a oscuras ante una película que no viene con garantías. Confundimos brevedad con síntesis, y no son lo mismo: lo breve de las pantallas no sintetiza nada, acumula estímulos hasta que dejamos de juzgarlos. Rodar un cortometraje hoy va en dirección contraria. Quien tiene quince minutos no puede rellenar ni pedir paciencia. O atrapa al espectador desde el primer plano o lo pierde.
En Extremadura hay un festival que lleva el miedo en el nombre. El Festival de Cortometrajes Km 666 de Villafranca de los Barros convirtió el número de la bestia en seña de identidad, con una sección propia de terror que sigue siendo una de sus citas más esperadas. No tratan al corto como el hermano pequeño del largometraje o como su borrador. Llegan a su sexta edición con más de 140 títulos recibidos de España e Iberoamérica y una criba severa: trece películas en la Sección Oficial y ocho en la de las pelis de miedo. Las bases no permiten pasar de quince minutos, créditos incluidos. Ese límite no tiene que ver con el presupuesto. Es una disciplina: en un corto, cada elipsis tiene que pesar tanto como un diálogo entero. Las trece películas de la Sección Oficial se proyectan el viernes 23 de octubre a las 20:30 en el Salón de Actos de la Casa de Cultura. Al terminar, el público vota su propio premio.

El cine de género lleva esa exigencia al extremo. El terror, que el festival lleva en el nombre y proyecta el jueves 22 a las 20:30, no admite explicaciones ni preámbulos: si el miedo no llega pronto, ya no llega. Algo parecido pasa con la animación para adultos, que abre las sesiones públicas el miércoles 21 a la misma hora y recuerda que el dibujo animado nunca fue solo cosa de niños. Lo sabe bien José María Fernández de Vega, que recibe el Premio Especial en la gala del sábado 24. Desde Almendralejo, su productora, The Glow Animation Studio, ganó en 2020 el Goya a la Mejor Película de Animación con Buñuel en el laberinto de las tortugas. Fue la prueba de que se puede hacer animación de primer nivel desde Tierra de Barros. Lo han con Decorado después, otro Goya, este mismo año.
Tampoco es casual que el festival mire a quienes empiezan a ser espectadores. Más de 500 escolares de Primaria ven cortos por las mañanas. El viernes 23, Francisco Rebollo, de la Fundación Rebross, habla a estudiantes de ESO y Bachillerato de tres décadas apoyando el cine. Mientras las plataformas nos ofrecen catálogos infinitos, ordenados por un algoritmo para que nada nos incomode, una sala pública de un pueblo de Badajoz reparte 5.500 euros en premios a historias que no tienen que rendir cuentas en taquilla.
La gente puede seguir creyendo que la importancia del cine se mide en alfombras rojas o en horas de metraje. Pero cuando se apagan las luces y una historia de diez minutos nos mueve el suelo, la duda cambia de bando: ¿de verdad necesitamos dos horas para conmovernos? A veces sí, pero a veces no. En Villafranca lo saben bien: desde hace seis años, todas las actividades se llenan. Y sí, nos encanta el cine, pero nos gusta aún más que haya gente trabajando en organizar una actividad para su pueblo y que los demás vayan, con lo que cuesta salir de casa a veces. Qué maravilla, qué bonito esto.