La sucesión de borrascas que ha atravesado la región en los últimos días ha dejado un balance preocupante en el sector primario. Lo que comenzó como un alivio hídrico se ha convertido en una emergencia para ganaderos y agricultores, que enfrentan pérdidas materiales y un retraso irreversible en el calendario agrícola.
Ganadería: animales aislados y daños en infraestructuras
En las zonas próximas a Montijo, la acumulación de agua ha llegado a bloquear el acceso a las explotaciones. Luis Alfonso Huertas, ganadero local, relata una situación difícil: los animales han pasado días sin recibir alimento debido a la imposibilidad de entrar en las fincas.
A la falta de suministros se suman los daños materiales. Con precipitaciones constantes de entre 10 y 15 litros diarios, el terreno se ha reblandecido tanto que las rachas de viento han arrancado encinas de cuajo. "Los arroyos se han llevado alambres y el aire fuerte ha partido árboles a la mitad", lamenta Huertas.
Agricultura de secano: el 40% de la superficie, sin sembrar
El sector agrícola es, sin duda, el más castigado. El exceso de fango impide la entrada de maquinaria pesada, lo que ha provocado que el 40% de las tierras de secano se queden sin sembrar.
La viabilidad económica de cultivos como la avena, la cebada y el trigo está en el aire:
- Costes disparados: Con unos gastos de 450 euros por hectárea, los agricultores necesitan una producción de al menos 3.000 o 4.000 kilos de trigo para no perder dinero.
- Precios bajos: En 2025, el precio de la tonelada se situó en los 150 euros, un margen muy estrecho para cubrir la inversión.
- Fuera de plazo: "El cereal tiene su fecha y ya vamos tarde", explica el agricultor Eleuterio Miguel Marcos, señalando además la imposibilidad de aplicar los nitratos necesarios por el estado del suelo.
El olivar en peligro por asfixia radicular
En localidades como Miajadas, la imagen es desoladora: olivares completamente anegados durante más de cuatro días. El problema aquí no es solo la pérdida de la cosecha actual, sino la muerte del árbol.
Alberto Pizarro, agricultor de la zona, advierte sobre la asfixia radicular: "Se pierde la producción y se pierden los árboles; es el trabajo de dos años tirado por tierra". Recuperar estos ejemplares requiere ahora una inversión extra en productos específicos para las raíces, sin garantías de éxito.
Un horizonte incierto
Con el suelo saturado y las previsiones meteorológicas anunciando más lluvias, el temor se extiende por el campo extremeño. La ventana para salvar la campaña de cereales se cierra, mientras los productores vigilan con preocupación un cielo que no da tregua.