Meningitis infantil: claves para detectarla a tiempo
La inflamación de las meninges puede avanzar con rapidez en niños y dejar secuelas graves si no se detecta y trata a tiempo
La meningitis es una inflamación grave de las meninges, las membranas que protegen el cerebro y la médula espinal, y en la infancia constituye una emergencia médica. En los niños puede progresar con rapidez y dejar secuelas neurológicas permanentes, por lo que el diagnóstico precoz y el inicio inmediato del tratamiento resultan determinantes. En el caso de las meningitis bacterianas, la administración temprana de antibióticos salva vidas en más del 70 % de los casos, según la evidencia clínica.
En los bebés y lactantes, la enfermedad resulta especialmente peligrosa porque los síntomas no siempre son claros ni específicos, lo que puede retrasar la consulta médica. Esta circunstancia obliga a extremar la vigilancia ante cualquier signo de alarma y a acudir de inmediato a los servicios sanitarios.
Tipos principales
La meningitis bacteriana es la más grave y la más frecuente en la población infantil. Está causada, principalmente, por bacterias como Neisseria meningitidis (meningococo) o Streptococcus pneumoniae (neumococo). Estas bacterias invaden el líquido cefalorraquídeo (LCR), el fluido que amortigua y protege el cerebro y provocan una inflamación intensa que puede derivar en sepsis.
La meningitis viral, en cambio, suele ser más leve y está provocada por enterovirus o el virus del herpes. Generalmente se resuelve de forma espontánea, aunque en bebés menores de tres meses puede presentar complicaciones y requiere seguimiento médico estrecho.
Existen además otras formas, como las meningitis fúngicas o parasitarias, que son poco frecuentes en niños sanos y suelen aparecer en contextos muy concretos.
Síntomas en niños
En bebés y lactantes, los signos pueden ser difíciles de identificar. Entre los más habituales se encuentran la irritabilidad extrema o el letargo, la fiebre alta, la fontanela abultada (mollera tensa), el rechazo al alimento, los vómitos, el llanto inconsolable o incluso las convulsiones.
En niños mayores, los síntomas suelen ser más reconocibles, como la rigidez de nuca con dolor al flexionar el cuello, la cefalea intensa y la confusión. También pueden aparecer fotosensibilidad y un sarpullido petequial, con manchas rojas que no blanquean al presionar, especialmente en las meningitis meningocócicas.
Transmisión y prevención
La meningitis bacteriana se transmite principalmente por vías respiratorias, a través de gotitas al toser o hablar, y también puede propagarse por vía sanguínea. La meningitis viral, por su parte, suele contagiarse por vía fecal-oral. No siempre se producen brotes, aunque el meningococo sí puede causar epidemias en entornos cerrados, como colegios o residencias.
La prevención se basa, fundamentalmente, en la vacunación. El calendario vacunal español incluye inmunización frente al meningococo (A, C, W, Y y B), el neumococo y Haemophilus influenzae tipo b (Hib). A ello se suman medidas de higiene básica, como el lavado frecuente de manos y evitar el hacinamiento.
Tratamiento y pronóstico
Ante la sospecha de meningitis, la actuación debe ser inmediata. El tratamiento requiere hospitalización urgente, con antibióticos intravenosos, como la ceftriaxona, y en muchos casos corticoides para reducir la inflamación. En la meningitis meningocócica, la letalidad puede alcanzar el 50 % sin tratamiento, pero desciende de forma drástica cuando la intervención es rápida.
Las posibles secuelas incluyen sordera, retraso cognitivo o, en los casos más graves asociados a sepsis, amputaciones. Por ello, los especialistas insisten en la importancia de acudir sin demora al pediatra o a los servicios de urgencias ante fiebre persistente y cualquier signo de rigidez de nuca o manchas en la piel.


