Como un niño a punto de soplar las velas, el Museo Helga de Alvear llega a su quinto cumpleaños con algo de nervios, mucha ilusión y una celebración que llenará sus espacios de vida y creatividad con decenas de actividades abiertas al público.
La directora del museo, Sandra Guimarães, lo resume así: “Una gran fiesta, con diferentes actividades gratuitas, con música, cine, visitas comentadas, talleres y con intervenciones de artistas como Thomas Hirschhorn.” Una propuesta festiva que refleja la personalidad del museo: accesible, plural y profundamente comprometido con el arte contemporáneo.
A pesar de su corta trayectoria, el Helga de Alvear ha reunido innumerables reconocimientos, todos con un hilo común: su capacidad para ser un auténtico cruce de caminos artístico. Lo es su imponente edificio de hormigón blanco, que cose con sus formas angulosas la frontera simbólica entre la Cáceres medieval y la contemporánea. Y lo es también su interior, donde 200 años de arte moderno y contemporáneo dialogan y se enriquecen mutuamente: de Goya a Picasso, de Kandinsky a Helena Almeida, siempre bajo la mirada icónica de la monumental lámpara de Ai Weiwei, ya convertida en símbolo del museo.

Entre la celebración se cuela inevitablemente la nostalgia hacia la figura que lo hizo posible. Se recuerdan las palabras que Helga de Alvear pronunció el 12 de marzo de 2024 a Canal Extremadura: “Yo soy una viciosa, me gusta el arte”. Ese “vicio exquisito” floreció en la que hoy es la mayor colección privada de arte contemporáneo de Europa, y lo hizo desde Cáceres hacia el mundo.
Cinco años pueden parecer pocos, pero para el museo solo han sido el comienzo. El Helga de Alvear apenas ha echado a andar. Por delante tiene una larga, intensa y hermosa vida cultural que seguirá transformando la escena artística de Extremadura y del país.