Tras años de reivindicaciones del movimiento migrante, la regularización extraordinaria ya es una realidad y supone un paso decisivo para dignificar la vida de miles de personas. El primer efecto es claro: salir de la invisibilidad administrativa para poder acceder a un contrato laboral legal y a derechos básicos con garantías.
Tania Irías, coordinadora del Movimiento de Mujeres Migrantes, señala que disponer de documentación no siempre asegura condiciones laborales justas. "Al menos que puedan demandarlo, porque hay que aclarar que muchas personas, incluso estando en situación regular, ven cómo los empleadores deciden no hacerles un contrato en condiciones", explica.
La falta de documentación ha afectado durante años a aspectos esenciales de la vida diaria. Sin "papeles", tareas cotidianas como alquilar una vivienda son casi imposibles. Pero la medida impacta también en el futuro de los más jóvenes. "Aprueban la ESO y luego tienen que hacer una FP o continuar estudios. Si no tienen un número NIE, esas personas no pueden hacer las prácticas de una formación oficial. Por ello muchos desertan del sistema de escolarización".
Límites: el derecho al voto
La regularización también supone un refuerzo de derechos fundamentales, como el acceso a la sanidad universal y a determinadas ayudas sociales. Sin embargo, existen límites: la residencia no otorga el derecho al voto. "En las elecciones solo votamos quienes tenemos la nacionalidad, y muchas personas, aunque adquieran la residencia, no pueden acceder a ella", recuerda Irías.
Para poder ejercer el derecho al voto, en la mayoría de los casos será necesario esperar hasta diez años para obtener la nacionalidad española. Aun así, desde el movimiento migrante destacan que el cambio va mucho más allá de los trámites administrativos: se trata de perder el miedo a ser sancionados por el simple hecho de vivir.
"Esperamos dejar de escuchar historias de mujeres que trabajan en los cuidados como internas y que, en su único día libre, prefieren no salir a la calle por miedo a encontrarse con la Policía", señala la coordinadora.
En definitiva, la regularización extraordinaria supone un paso hacia la normalización de miles de vidas, el reconocimiento de derechos y la posibilidad de sentirse, por fin, vecinos y vecinas de pleno derecho dentro de la comunidad.